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Verona ayer

Verona obtuvo la ciudadanía romana gracias a Julio Cesar en 49 A.c. y dentro de poco tiempo se volvió uno de los centros políticos y comerciales más importantes del Imperio Romano. De este antiguo fasto quedan imponentes huellas como el Arena, el Teatro Romano y la Porta Borsari.

Tras la caída del Imperio, Verona fue la capital de varios reinos bárbaros. Teodorico el Grande, rey ostrogodo, se instaló en Verona y le devolvió su antiguo esplendor elevando de nuevo las murallas destruidas en las precedentes invasiones bárbaras.

La ciudad cayó posteriormente bajo la dominación de los Longobardos que reinaron hasta la llegada de Carlo Magno. En 1136 Verona pasó a ser municipio con la elección de los primeros cónsules. En aquel periodo Verona se vio teatro de numerosas luchas entre familias guelfe y ghibelline, esas últimas apoyadas por los famosos Montequios. Con la familia de los Scaligeri Verona pasó de Municipio a Señorio y gracias a Cangrande I della Scala, señor ilustrado y respetado (hasta Dante le dedicó dos tercenas del canto XVII del Paraíso), la ciudad vivió una nueva época de esplendor artístico y cultural.

En 1405 Verona pasó bajo la dominación de Venecia y durante todo el Renacimiento fue parte de la Serenísima. Siguió la dominación francesa y sobretodo aquella austriaca, durante las cuales Verona consolidará su fama de punto estratégico político-militar: hecho testimoniado por la presencia de numerosos alcazabas alrededor de la ciudad. Durante el Resurgimiento los alrededores de Verona fueron teatro de sangrientas batallas que terminaron en 1866, cuando Verona se volvió por fin italiana.